Nuestro compañero
Remo acaba de publicar en
El Blog Salmón ipuntocomunismo, describiendo la filosofía empresarial que preconiza al colectivo sobre el individuo, que lo minusvalora, lo anula, envuelto en ciertos aires de secta. Se refiere principalmente a grandes empresas, pero pero mucho me temo que también se da en medianos en muchos casos una variante más antigua del fenómeno. Estoy hablando de la Ley de
Jante en la empresa.
La Ley de
Jante fue formulada por escrito por primera vez por Aksel Sandemose en su novela Un refugiado cruza sus propias huellas. El novelista recogía por escrito unas reglas de comportamiento imperantes en la cultura escandinava que se refleja en otros autores como Ibsen. Un código social colectivista donde al clavo que sobresale se le remacha. Las 10 reglas originales, más una más añadía posteriori son las siguientes:
Me consta que hay gente que le gusta esta filosofía, en la vida y en la empresa. Que le pirra esta suerte de colectivismo nórdico. Es más, esa loa a la mediocridad, a no destacar, a pasar desapercibido, forma parte del ADN de muchas empresas españolas, para nada nórdicas. A mi me resulta castrante, un canto a la muerte y letal para el individuo y para la organización.